Los policías son héroes cuando salvan vidas, pero ¿quién los cuida después?

Cabo Marcos Dadin y la Agente Carolina Castillo, dos efectivos policiales que rescataron a cuatro personas de un incendio en Ushuaia. Según relataron, recibieron felicitaciones telefónicas, pero no tuvieron un acompañamiento psicológico posterior a su intervención, más allá que ellos manifestaron que no necesitan ya que se encuentran en buen estado. Pero mientras tanto, el Gobierno provincial dispuso un aumento salarial del 3% para la fuerza. Una situación que merece una reflexión profunda: no alcanza con reconocer a quienes arriesgan su vida si después no se garantiza su bienestar.
Editoriales10 de octubre de 2026Angel FretesAngel Fretes
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El viernes 9 de octubre, dos efectivos de la Policía Provincial protagonizaron una intervención que merece ser reconocida. En medio de un incendio registrado sobre la calle Fuegia Basket al 1000, en Ushuaia, colaboraron para rescatar a cuatro personas, entre ellas dos menores de edad.

En cuestión de segundos, tuvieron que tomar decisiones mientras el fuego y el humo ponían en peligro la vida de quienes estaban dentro de la vivienda.

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Pero hay algo que considero necesario analizar: ¿qué pasó con esos policías después de que terminó el incendio?. 

Según me manifestaron los propios efectivos, recibieron llamados telefónicos para felicitarlos por su actuación, pero no tuvieron un acompañamiento desde el área de salud mental de la institución ni, según su conocimiento, se activó un protocolo de seguimiento psicológico.

También fueron claros al reconocer que ellos mismos no solicitaron esa asistencia. Y justamente ahí aparece una cuestión que las autoridades deberían analizar.

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¿Acaso un policía tiene que pedir ayuda para que la institución se preocupe por cómo quedó emocionalmente después de enfrentar una situación de semejante riesgo?

No estoy diciendo que estos efectivos tengan un problema psicológico ni que necesariamente hayan quedado afectados. Estoy planteando algo mucho más sencillo: después de una experiencia de estas características, debería existir un mecanismo de evaluación, contención y seguimiento que no dependa exclusivamente de que el trabajador levante la mano y pida ayuda.

Porque detrás del uniforme también hay una persona. Felicitar por teléfono no reemplaza una política de cuidado.

Me parece importante reconocer el valor de una felicitación. Seguramente para cualquier trabajador escuchar que sus superiores valoran su esfuerzo tiene un significado especial.

Pero una llamada telefónica no reemplaza el acompañamiento profesional. Los policías están expuestos a incendios, accidentes, hechos violentos, situaciones de muerte y experiencias que pueden dejar consecuencias emocionales, incluso cuando aparentemente todo terminó bien. Y no siempre esas consecuencias aparecen inmediatamente.

Por eso, la salud mental de quienes integran las fuerzas de seguridad no debería ser considerada un asunto secundario.

El Gobierno provincial tiene la responsabilidad de explicar qué protocolos existen, cuándo se activan y qué acompañamiento reciben los efectivos después de intervenciones críticas.

No corresponde afirmar que no existe ningún protocolo sin conocer la documentación institucional. Pero sí corresponde preguntar por qué, según el relato de estos dos policías, no recibieron una intervención específica de acompañamiento psicológico después del rescate.

Es una pregunta legítima que merece una respuesta oficial. Y mientras arriesgan sus vidas, el Gobierno les aumenta apenas un 3%

Hay otro dato que no podemos dejar pasar. El Gobierno de Tierra del Fuego, mediante el Decreto Provincial N.º 1690/2026, dispuso una actualización del 3% sobre la escala salarial de la Policía Provincial y del Servicio Penitenciario, con vigencia desde septiembre.

Un porcentaje que vuelve a poner en discusión cuánto se reconoce económicamente la responsabilidad que asumen estos trabajadores.

Porque mientras hablamos de dos policías que arriesgaron su integridad para salvar a cuatro vecinos, también tenemos que hablar de sus condiciones laborales, sus ingresos y el bienestar de sus familias.

¿Es suficiente un 3% para quienes deben estar preparados para intervenir cuando la vida de otra persona está en peligro?

El Gobierno podrá explicar sus limitaciones presupuestarias, los aumentos anteriores o las dificultades económicas de la provincia. Es información que también corresponde escuchar y analizar.

Pero los trabajadores tienen derecho a exigir que sus salarios sean evaluados frente al costo de vida real de Tierra del Fuego. Y la discusión no puede terminar en el porcentaje de un decreto.

También debemos preguntarnos si cuentan con los recursos necesarios, si descansan adecuadamente, si tienen acceso a profesionales de salud mental y si existe un verdadero acompañamiento institucional.

Porque cuidar a quienes nos cuidan no puede ser solamente una frase para los discursos oficiales.

Gobernador, los policías también necesitan que alguien los cuide.

Quiero dejar una reflexión dirigida al gobernador Gustavo Melella, a las autoridades del Ministerio de Seguridad y a la conducción de la Policía Provincial.

Cuando un efectivo interviene en una emergencia, la sociedad espera que actúe con responsabilidad, preparación y valentía.

Y eso fue lo que demostraron estos dos policías.

Pero cuando termina la emergencia, también debería existir una institución preparada para acompañarlos.

No alcanza con felicitarlos.

No alcanza con reconocer públicamente su intervención.

Y tampoco alcanza con disponer una actualización salarial sin abordar las demás condiciones que hacen al bienestar de los trabajadores.

El reconocimiento verdadero también se demuestra con salarios adecuados, prevención, asistencia profesional y políticas institucionales que protejan a quienes todos los días protegen a la comunidad.

No se trata de cuestionar por cuestionar. Se trata de que este episodio sirva para revisar procedimientos, escuchar a los efectivos y mejorar las condiciones en las que desempeñan sus tareas.

Porque sería lamentable que tengamos que esperar una tragedia para comenzar a hablar seriamente de la salud mental policial.

La pregunta que debería quedar en Casa de Gobierno

Como periodista, siempre consideré importante escuchar a quienes muchas veces no tienen la posibilidad de contar públicamente lo que viven en sus trabajos.

En este caso, quiero destacar la intervención de dos efectivos que ayudaron a salvar cuatro vidas. Pero también considero necesario que sus testimonios sirvan para abrir una discusión que va mucho más allá de este incendio.

No pretendo que se señale a una persona sin pruebas ni que se desmerezca el trabajo de quienes integran la institución policial.

Lo que espero es que las autoridades puedan explicar qué ocurrió después del operativo, si correspondía activar algún procedimiento de asistencia y qué medidas pueden implementarse para garantizar que ningún efectivo quede sin una oferta adecuada de acompañamiento después de una experiencia traumática.

Porque hay una pregunta que el Gobierno provincial debería hacerse: si les exigimos a nuestros policías que estén preparados para salvarnos la vida, ¿estamos haciendo lo necesario para cuidar la de ellos?

Y ojalá que la respuesta no sea solamente una felicitación por teléfono.