Travesía solidaria de tres kayakistas desde Ushuaia a la Antártida
Angel Fretes
Hay historias que uno conoce como periodista y que merecen mucho más que unos minutos de aire o una simple publicación en las redes sociales.
Este lunes, en una entrevista en mi programa El Ángel de la Radio por la 94.9 FM Monumental, conocimos la iniciativa de tres hombres, Diego Linares, Javier Siede y Juan Ignacio Tomaselli, quienes decidieron prepararse para enfrentar uno de los lugares más difíciles del planeta: la Antártida.
Van a remar entre hielos, soportar temperaturas extremas, enfrentar fuertes vientos y recorrer largas distancias durante varias semanas.
Pero lo que más me llamó la atención de este proyecto no fue solamente la aventura. Porque detrás de estos tres kayakistas hay un sueño que no tiene que ver con conquistar un récord deportivo, sino con ayudar a otras personas.

El próximo 2 de enero de 2027, los tres expedicionarios tienen previsto partir desde nuestra ciudad rumbo al continente blanco.
Primero deberán cruzar el pasaje de Drake a bordo de un velero, un recorrido aproximado de 1.000 kilómetros que podría demandar entre cuatro y cinco días.
Una vez que lleguen a la base Esperanza, tendrán dos o tres días de adaptación antes de comenzar a remar hacia el sur.
El objetivo será completar 23 etapas de entre 30 y 50 kilómetros diarios, hasta alcanzar la base San Martín alrededor del 10 de febrero, siempre que el tiempo acompañe. En total, la expedición demandaría unos 45 días, incluyendo los traslados.
Para tener una idea de lo que significa este desafío, basta imaginarse remando durante horas, rodeado de hielo, con temperaturas muy bajas y sin saber exactamente cómo se comportará el clima al día siguiente.

No será una aventura sencilla. Los propios protagonistas reconocen que las condiciones meteorológicas pueden cambiar de un momento a otro.
Por eso contarán con un barco de apoyo, aunque buscarán mantener la mayor autonomía posible durante el recorrido.
La seguridad será fundamental y no descartan modificar o suspender etapas si las condiciones representan un peligro.
Detrás de los kayaks hay una historia de amor y de familia. Y acá quiero detenerme en lo que considero más importante de esta historia.
Diego Linares es papá de un niño con autismo que asiste al CAD. Y como tantos padres y madres, conoce de cerca lo que significa acompañar, buscar oportunidades y trabajar para que sus hijos tengan mejores condiciones para desarrollarse.
De esa realidad también nace el objetivo solidario de esta expedición. Los tres kayakistas quieren ayudar a que el CAD pueda construir su edificio propio.
Un espacio que permita fortalecer el trabajo que realiza la institución y brindar mejores condiciones para las personas que asisten y sus familias. Y personalmente creo que ahí está el verdadero valor de “Antártida Infinita”.
Porque no se trata solamente de tres hombres intentando llegar a una base antártica. Se trata de transformar un esfuerzo físico enorme en una oportunidad para ayudar a otros.
El autismo necesita comprensión, no solamente palabras bonitas. Hay algo que me parece fundamental destacar.
Muchas veces hablamos de inclusión, respeto e igualdad, especialmente cuando llega alguna fecha conmemorativa. Publicamos mensajes, compartimos imágenes y repetimos que todos tenemos los mismos derechos.
Pero la verdadera inclusión tiene que demostrarse con hechos. Con espacios adecuados, con oportunidades, con acompañamiento a las familias y con una sociedad que aprenda a comprender que no todas las personas viven, sienten o se comunican de la misma manera. Y eso también implica escuchar a las familias.
Porque detrás de cada niño con autismo hay una historia particular, necesidades diferentes y personas que trabajan todos los días para acompañar su desarrollo.
La inclusión no puede quedarse solamente en un discurso. Tiene que convertirse en oportunidades reales. Por eso considero valioso que una expedición deportiva también pueda servir para hablar de estas realidades y ayudar a una institución que necesita seguir creciendo.
Mientras se acerca la fecha de partida, Diego, Javier y Juan Ignacio continúan con una preparación física exigente. Parte de sus entrenamientos se desarrolla en Parking Gym, junto a Gonzalo Siracusa.
Trabajan la resistencia, el acondicionamiento físico, la alimentación y el descanso, sabiendo que deberán afrontar muchas jornadas consecutivas de esfuerzo.
Pero también existe un desafío mental. Porque una cosa es remar durante algunas horas y otra muy distinta es hacerlo durante días, en un ambiente donde el viento, el oleaje y el hielo pueden cambiar todos los planes.
La expedición también busca recuperar, por vía marítima, el espíritu de aquella histórica travesía realizada en 1962 por el teniente Gustavo Giró.
Una manera de recordar parte de nuestra historia antártica y, al mismo tiempo, escribir una nueva página desde Ushuaia.
Para que este proyecto pueda cumplir su objetivo solidario, los organizadores están buscando el acompañamiento de vecinos, comercios, empresas y sponsors. Habrá distintas formas de colaborar, desde donaciones particulares hasta la compra de calcomanías.
También se sumaron personalidades como Mariano Torre, Valentina Bassi y Elena Roger, quien participará de un recital a beneficio de la expedición y del CAD.

Quienes deseen realizar un aporte económico podrán utilizar el alias CAADUSH, informado por los organizadores como perteneciente al CAAD.
Además, se podrá seguir la preparación y el recorrido de los kayakistas a través de Instagram, en la cuenta Antártida Infinita.
Durante la travesía también está previsto realizar transmisiones en vivo para compartir con la comunidad lo que vayan viviendo.
Y acá aparece otra cuestión importante. No hace falta subirse a un kayak ni viajar hasta la Antártida para formar parte de esta historia.
A veces colaborar con una causa solidaria significa aportar lo que uno puede, compartir una publicación o simplemente ayudar a que más personas conozcan el proyecto.
Ushuaia también puede ser protagonista de esta historia. Nuestra ciudad tiene una relación muy especial con la Antártida. Desde acá parten expediciones científicas, embarcaciones y personas que llegan desde distintos lugares del mundo para conocer el continente blanco.
Pero esta vez, desde Ushuaia también partirá un mensaje solidario. Un mensaje que habla de familias, de niños, de discapacidad y de la necesidad de construir una sociedad donde las diferencias no sean motivo de exclusión.
Me parece importante que como comunidad podamos acompañar iniciativas de estas características. Porque muchas veces esperamos que las soluciones lleguen solamente desde el Estado, cuando también existen vecinos dispuestos a poner su tiempo, su esfuerzo y hasta su propia resistencia física al servicio de una causa.
Eso no significa quitarles responsabilidades a las autoridades, sino reconocer el enorme valor que tienen las iniciativas solidarias que nacen de la propia comunidad.
El verdadero desafío no estará solamente en el hielo. Cuando Diego Linares, Javier Siede y Juan Ignacio Tomaselli lleguen a la Antártida, tendrán por delante un recorrido que pondrá a prueba su preparación, su resistencia y su capacidad de trabajar en equipo.
Seguramente habrá cansancio, momentos difíciles y decisiones complicadas. Pero también llevarán algo que no entra en ningún kayak.
La esperanza de muchas personas que desean ver crecer al CAD y contar con un espacio propio. Y por eso quiero cerrar esta historia con una reflexión personal.
No siempre las grandes hazañas se miden por la cantidad de kilómetros recorridos o por los lugares a los que conseguimos llegar. A veces, las hazañas más importantes son aquellas que permiten que otras personas puedan avanzar.
Ojalá que estos tres kayakistas puedan completar su travesía y regresar sanos y salvos a Ushuaia. Pero, sobre todo, ojalá que esta aventura sirva para que más personas conozcan la realidad de las familias vinculadas al autismo y la discapacidad, y para que el sueño del edificio propio del CAD esté cada vez más cerca.
Porque llegar a la Antártida puede ser una conquista enorme. Pero ayudar a construir un lugar donde otros puedan crecer, aprender y desarrollarse puede ser una conquista todavía más importante.

